Hablar de Rosendo es hacerlo de alguien que cae bien. Es así. Una de esas personas que, por lo que sea, escuches o no rock, saca sonrisas. Lo mismo da que sea mientras escuchas una canción o una entrevista, el de Carabanchel es único. Una de esas personas atemporales, un currante de la guitarra como pocos, que siempre lo tuvo claro.

Ahora Rosendo anuncia que se va de los escenarios. Y, como no podía ser de otra forma, la noticia ha traído cola, sobre todo en redes sociales. Y es que el madrileño arrastra legiones de fans desde hace cuarenta años. Cuatro décadas donde ahora son los nietos de los de su generación quienes incordian con sus canciones. Y aún agradecidos. Con Rosendo, estas son las maneras de vivir.

La edad pesa, es inevitable. El colchonero tiene ya 64 años, y la mayoría a esas alturas ya piensa en la jubilación. Se hace difícil pensar en una España sin Rosendo en los escenarios, pero es toda una vida en ellos. En esta gira de despedida de momento se han anunciado 25 conciertos hasta septiembre. A partir de ese momento, quién sabe a lo que se dedicará. A cuidar de su familia, que es lo que toca. Por ahora, ahí va un repaso a una de las carreras más prolíficas del rock patrio.

Rosendo nace en Madrid en 1954. Hijo de manchegos, desde entonces el barrio de Carabanchel ha sido siempre su casa. Desde los 18 años empieza a girar por bandas, hasta que recala en Fresa, donde hacen versiones de las canciones de moda. Entre concierto y concierto se gana la vida como puede, haciendo botas de vino, en un horno… Es entonces cuando el grupo cambia el nombre a Ñu y comienzan sus propias composiciones. Rosendo dura poco junto a José Carlos Molina, y abandona la formación antes de grabar su primer disco, en 1977. Sin embargo, durante en ese corto plazo también realiza el servicio militar obligatorio.

Durante su etapa aquí, Rosendo descubre artistas que han sido referentes durante toda su carrera, como Rory Gallagher (de quien reconoció en una entrevista que le “copió” el estilo sobre el escenario y que colecciona material suyo tras años recibiendo regalos por parte de familiares o amigos), Jethro Trull o Black Sabbath.

 

Tras abandonar Ñu, le siguen Chiqui Mariscal y su bajo y Ramiro Pena con su batería. Rosendo decide ponerse a los micros y, junto a su guitarra, ya estaban todos para formar Leño. La nueva banda pronto comienza a componer, y en 1978 tocan en directo por primera vez, teloneando a Asfalto, uno de los grupos punteros en el rock nacional de la época.

En 1979 publican su primer disco, de título homónimo. Chiqui Mariscal deja el grupo por Tony Urbano, y en la portada lo ilustran. Retoque, por cierto, en el que se observan los defectos de la época, pues a Urbano le falta un pie.

Ya con Leño, Rosendo compone obras que están entre lo más destacado de la historia de nuestro rock, como El tren, Este Madrid o Maneras de vivir. Tres discos de estudio y un directo en la sala Carolina forman el currículo de los madrileños, y contaron, entre otros, con la producción de Teddy Bautista o Carlos Narea. La banda se separa en 1983, en medio de un gran éxito tras finalizar una gira con Miguel Ríos.

Tras dos separaciones, Rosendo decide que lo mejor es continuar el camino en solitario. No se estanca y publica en 1985 Loco por incordiar, que inmediatamente se convierte en un gran éxito. Este contiene canciones que ya se han convertido en himnos del madrileño, como Agradecido, Pan de higo o la que da nombre al disco.

A este le siguen publicaciones Fuera de lugar (1986), …A las lombrices (1987) y Jugar al gua (1988). Durante la grabación de …A las lombrices se le une Rafael J. Vegas, quien continúa con él desde entonces. En una entrevista, el bajista reconoce que se compró un disco de Leño el día antes de la prueba, se lo aprendió en una noche y, una vez allí, Rosendo no se sabía la canción que Rafa le pidió tocar.

Ya como banda bajo su propio nombre ha grabado 16 discos, colaborado con artistas como Barricada, Fito, Miguel Ríos o Luz Casal. Además, en el año 2000 Leganés puso su nombre a una calle, y en 2006 fue galardonado con la medalla de oro al mérito en Bellas Artes por Juan Carlos I. En 2016 rechazó que se levantara una estatua en su honor en su barrio, Carabanchel, porque veía ese gasto de dinero innecesario.

Rosendo da este fin de semana sus últimos conciertos, empezando por Madrid, su hogar. Ante un público más que agradecido, la imagen del rock nacional ofreció el 20 de diciembre el primero de sus tres últimos conciertos, ante un WiZink Center con 15.000 personas entre el público. Las siguientes paradas del tren azul serán en Barcelona, el servicio final antes de un retiro más que merecido después de 45 años de carrera. De momento se queda en punto y aparte, ya solo queda disfrutar sus álbumes  y confiar en que se vuelva a colgar la Stratocaster nuevamente.