Hasta hace poco, si hablabas de cantautores en nuestro país, a todo el mundo le salían los mismos nombres. Que si Serrat, Sabina, Aute, Luis Pastor, Labordeta… Parecía que la canción protesta o el simple hecho de ver a un cantante enfrentarse a un público sin más acompañamiento que su propia guitarra, era cosa del pasado. Pero todo vuelve.

Desde hace una década –más o menos, ya sabemos cómo va esto de las cronologías- ha vuelto a aflorar esa música hecha desde la sencillez. Desde eso que le hace a uno coger una guitarra y sacar todo lo que lleva dentro sin más pretensión que mostrarlo. Nombres como Marwan, Zahara, Pedro Pastor, Andrés Suárez o Rozalén han vuelto a poner en el panorama la palabra cantautor. O también, cómo no, uno que ha estrenado disco en febrero: El Kanka.

A muchos quizá solo os suene de Operación Triunfo, donde Amaia versionó Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, que en YouTube ya ha superado en reproducciones a la original. Y eso que la última lleva cuatro años en la plataforma por cuatro meses de la de la “triunfita”, pero ya saben, América ya estaba descubierta antes de que Colón llegara. Lo cierto es que Juan Gómez Canca, como así se llama en realidad, lleva toda una década en la música. Malagueño de nacimiento, el Kanka, mote que le puso una profesora al decidir llamarle por su segundo apellido, se mudó a Madrid a estudiar gracias a una beca Séneca. Y allí se quedó.

El Kanka durante un concierto. Fotografía de Paco Posse

Nadie dijo que el camino fuera fácil. Y, como se dice en algunos casos, El Kanka tuvo que empezar desde abajo. Desde tan bajo, que su primer trabajo relacionado con la música fue dar clases de guitarra en un colegio de monjas. En Málaga ya había tenido algún grupo, como Doctor Desastre, posteriormente conocidos como T de Trapo, pero lo dejó todo por mudarse a la capital. A partir de ese momento comienza a componer por su cuenta con su guitarra como único instrumento y a presentarse a concursos. El primero importante que gana, el certamen de Cantigas de Mayo, donde superó a más de 80 participantes, y compartiendo final con otro cantautor del mundillo que quizá les suene: El niño de la hipoteca. De hecho, este le tuvo que dejar su guitarra en la final porque, como reconoce El Kanka, “la mía ni era decente”.

Admirador de letristas como Carmen París, Manolo García o Lichis, contagia su felicidad a cualquiera que le escucha. Un estilo desenfadado y cargado de optimismo es su bandera, y la muestra orgulloso. Desde 2011 ha publicado un EP y cuatro discos, y es que no termina de sacar uno y ya está componiendo más.

El arte de saltar (A Volar Music, 2018) es su último trabajo, presentado en febrero de 2018. Once temas sacados de dentro, donde no faltan colaboraciones con otros artistas como Jorge Drexler o hasta una comparsa de Cádiz, de su amada Andalucía.

El anterior LP, De pana y rubí (Maldito Records, 2015) permitió a El Kanka un estatus importante en el panorama musical español, con una gira de dos años entre España y Latinoamérica, donde ofreció 141 conciertos en sala (73 colgaron el cartel de no hay entradas) y 23 festivales, algo que pocos músicos pueden decir hoy en día.

Pero como no solo de discos y conciertos vive el músico, la tecnología también forma parte clave en su obra. El Kanka también posee un canal de YouTube con más de 65.000 suscriptores y más de 21 millones de reproducciones, donde publica los audios de sus álbumes, videoclips, colaboraciones o versiones junto a otros artistas, ya sea en directo o en estudio.

El Kanka rebuscando entre vinilos. Fotografía por Noemí Sánchez para Efe Eme

Sin duda, El arte de saltar supone un nuevo paso en la carrera de uno de los artistas nacionales más a tener en cuenta de la industria, con una música de autor donde combina lo mejor de la rumba o el pop con unas letras cargadas de optimismo y buen rollo. Si quiere adéntrate en ella, lo mejor es que hagas caso a El Kanka: Salta.